Un giro profundo en el modelo económico vasco. Firma el manifiesto

La propuesta de proyectos que el Gobierno Vasco ha presentado para su financiación al Programa Europeo de Recuperación pone negro sobre blanco las prioridades de las instituciones vascas: megaproyectos, apoyo a las empresas multinacionales vascas y atracción de inversiones extranjeras, bajo un modelo en el que lo público se pone definitivamente al servicio de las ganancias privadas, sin ningún tipo de condicionalidad laboral, social o ecológica.

El acceso a los fondos europeos, al contrario, sí establece condiciones de partida, pero en detrimento del bienestar de las mayorías sociales. Está así directamente relacionado a la aplicación de reformas, como la de pensiones o la laboral, además de comprometerse con la aplicación de las políticas presupuestarias de austeridad. Esos fondos son, por tanto, una camisa de fuerza que sirve para intervenir las políticas de los gobiernos que se acojan a los mismos.

En definitiva, tanto el enfoque del programa como la priorización vasca de proyectos son un cheque en blanco en favor de las grandes y medianas corporaciones con el dinero de todos y todas, bajo el nuevo relato de la reconstrucción de la economía. ¿Transformación para qué y para quienes? La creciente situación de pobreza, la pérdida significativa de empleos, la precarización de los servicios públicos, la fragilidad del sistema de cuidados o la situación de autónomas, migrantes, trabajadoras de hogar, campesinas, comercio local y pequeñas empresas, al contrario, no son prioridad para las instituciones vascas en la mayor crisis que hemos conocido en nuestras vidas. Iberdrola, Petronor, Supersur, Torre Bizkaia y TAV, sí. ¿”Las personas primero”?

Llueve sobre mojado. Esta ristra de proyectos, elaborada por una multinacional (PWC -PriceWaterhouseCoopers) que a la vez es beneficiaria de una de las 66 propuestas presentadas, muestra a las claras el modelo neoliberal y en favor de los negocios que se viene aplicando cual rodillo desde hace décadas, y que en este 2020 no ha hecho sino agudizarse. En esta clave se sitúa la persistente ofensiva antisindical, la penetración de fondos de inversión en la gestión de las residencias, las rebajas fiscales a fondos de inversión auspiciadas por la Diputación Foral de Bizkaia, la progresiva participación de multinacionales digitales en la salud pública, así como la infradotación de recursos en este mismo ámbito, educación o cuidados, por poner solo algunos ejemplos. No podemos permitir que sigan manteniendo estas inercias, máxime en un contexto de pandemia que ha evidenciado la enorme vulnerabilidad e insostenibilidad de la dependencia del mercado internacional, así como la relevancia de lo común, lo público y lo local en el desarrollo y mantenimiento de los sistemas socioeconómicos locales.

Hace falta un giro completo del modelo económico vasco. Nos somos ningún oasis o isla dentro del contexto mundial, más bien al contrario; están implementando las mismas recetas cuando sabemos que no harán más que agravar la situación de insostenibilidad y desigualdad. El nuevo relato verde y digital viste el viejo modelo. El crecimiento de la economía, de por sí, no redunda en beneficio del conjunto de las trabajadoras y menos aún en un contexto de colapso ecológico. Hemos podido ver como en los últimos años han aumentado las personas que viven en situación de pobreza, así como las trabajadoras han ido perdiendo poder adquisitivo. ¿Un TAV y una Supersur sostenibles? ¿Una Iberdrola y un Petronor renovables? ¿Empleo de calidad en la digitalización capitalista, como en Uber o Amazon? En definitiva, la economía vasca es un Titanic sin expectativas de evitar al iceberg, comandado por una tripulación sin plan alguno, que sigue con su música del business as usual y el clientelismo como si nada.

Quienes firmamos este manifiesto abogamos por situar realmente a las personas y a los agentes protagonistas de sus vidas (el pequeño comercio, las PYMES, los pueblos y los movimientos sociales) en el centro de las decisiones políticas. En este sentido, apostamos por:

  1. Hacer nuestra la apuesta estratégica en favor de la transición ecológica y digital desde una alianza público-comunitaria. Entendemos que dicha transición es incompatible con un proceso liderado por las empresas transnacionales y en el marco de un capitalismo depredador de recursos. Abogamos, en sentido contrario, por redefinir lo común desde el interés general y la acción social organizada en el ámbito de la energía, los datos y la inteligencia artificial. Solo desde la propiedad pública y la gestión social de estos sectores se podrán poner al servicio de las mayorías cuestiones tan estratégicas para la sostenibilidad de la vida y el nuevo horizonte económico. Es necesario que la base económica y la infraestructura de esa transición no esté en manos de unas pocas multinacionales. En la misma línea, proponemos el desmantelamiento de todos los macroproyectos y centros de emprendimiento pro-poder corporativo, condenados al fracaso al no ser más que fuegos de artificio, en el mejor de los casos, palancas de mayor mercantilización y corporativización, en el peor.

  1. Territorializar y relocalizar la economía acompañando preferentemente a los sujetos de la economía solidaria, la soberanía alimentaria, las PYMES y autónomas. Frente a la vulnerabilidad, cortoplacismo, insostenibilidad y centralización de las cadenas globales de valor, abogamos por el ámbito local como espacio económico estratégico en el que solucionar de manera prioritaria las necesidades y ciclos vitales desde un punto de vista ecológico, democrático e igualitario. Serán los sujetos sociales antes citados los protagonistas de los mismos, así como los principales destinatarios de las políticas públicas.

  1. Dejar de poner lo público al servicio del gran interés privado y regular a las grandes empresas. Estas han salido de la caja de pandora y acumulan un poder sin igual, con la connivencia de unas instituciones vascas atravesadas por las puertas giratorias, el clientelismo, el entreguismo respecto al interés general y la corrupción. Es preciso recuperar la prioridad de la política sobre la economía, de la democracia sobre la ganancia, del interés de todos y todas sobre el de unos pocos. Regular a las grandes empresas, acotar su poder, evaluar sus actuaciones en Euskadi y a escala internacional, establecer cláusulas sociales, laborales, ecológicas y de cuidado a toda ayuda, así como impulsar de manera decidida una fiscalidad progresiva y ecológica, deben ser premisas del nuevo modelo en marcha.

  1. Reforzar el carácter público de los servicios esenciales y de ámbitos estratégicos. La educación, la salud y los cuidados públicos, de este modo, deben contar con la planificación y recursos suficientes para enfrentar un horizonte convulso. Al mismo tiempo, la alimentación y agricultura, las finanzas y el transporte deben desmercantilizarse y situarse también en clave público-comunitaria, frente a la situación actual de privatización y protagonismo del poder corporativo.

  1. Defender una sanidad pública suficientemente dotada para enfrentar la pandemia desde los amplios consensos de la comunidad científica. No es posible construir un modelo económico sin la prioridad por el bienestar y la salud de vascos y vascas. Hasta el momento, las administraciones han puesto el acento en la restricción de la movilidad. Por muy necesarias que sean alguna de estas medidas, se sigue infradotado a la sanidad pública –especialmente a la atención primaria–; se cuenta con escasos equipos de rastreo y otras formas alternativas de seguimiento de la pandemia; se precariza la investigación pública; se resiste al cierre de actividades de alto riesgo mientras que, a su vez, evita el apoyo a los sectores más vulnerables del comercio y la hostelería. Se abona así el terreno para la propagación del virus, evidenciando a su vez la primacía del gran capital sobre las mayorías populares.

  1. El cuestionamiento radical de la lógica neoliberal en la que se enmarcan los planes relacionados con los fondos europeos. Vamos a combatir esa lógica. Los fondos conllevan recortes de derechos sociales y laborales, y están diseñados a la medida de los intereses de las grandes empresas. Entrar al debate sobre el destino de los fondos, obviando su esencia, es una trampa, en la que no vamos a caer.

Aún estamos a tiempo. Hay tiempo para provocar un giro profundo. Pongámonos a ello, desde ya.

Manifestua / Manifiesto

%%tu firma%%

288 firmas
288 Gaizka Menoyo Osorio
287 Andoni Louzao Bustamante
286 María Dolores Pisón Ochoa de Eribe
285 Ane Miren Ganboa Agirre
284 Joseba Andoni Fernandez Llamazares
283 Iñaki Tamayo
282 Patricia Álvarez Rueda
281 Txema Del olmo ruiz
280 Alberto Ugarte
279 JON ARAMBERRI
278 Aiora Arregui Gutierrez
277 Eduardo Urturi Martinez
276 Alba Granado
275 Oskar Bañuelos Cerrillo
274 David Barruetabeña Erekatxo
273 Ixa Garnika Aizkorbe
272 Unai Egiluz
271 Ongi etorri errefuxiatuak araba Gorbea Aguirre
270 Pablo Arrillaga
269 Joan Bover Alonso
268 Ana Mª Ribacoba Menoyo
267 Ongi Etorri Errefuxiatuak
266 Sebastian Gutteridge Imaz
265 Aurora Rico Márquez
264 Aitor Gabilondo Harina
263 Teresa Diaz
262 Joseba Andoni Galin Amestoy
261 Ongi Etorri Errefuxiatuak Gipuzkoa
260 Jexux Larrañaga
259 Miriam Diaz de Tuesta Illera
258 Rebeca Echegoyen Andrés
257 Cata Etxegoien
256 Maribi Azkune
255 Laura Gonzalez de Txabarri
254 Tomax Karrera
253 Haritz Iparraguirre Yarza
252 Leire Arano Amas
251 Diego Zurinaga
250 Ainara Tomasena
249 Isabel Calderero Anguiano
248 David Urrutia Korkuera
247 Endika Ruiz de Loizag
246 Beatriz Egizabal
245 Oskar Aranda Viso
244 Eneko Ander Romero
243 Mikel Noval
242 Uribarri Prest! Plataforma
241 Gaizka Suarez
240 Cristina Garcia de Andoin Martin
239 Melisa Pérez García