La Torre Bizkaia, ¿priorizar la internacionalización empresarial frente a las urgentes necesidades sociales de los y las bizkainas?

La Diputación Foral de Bizkaia sigue erre que erre con su apuesta por la internacionalización empresarial, pese al evidente fracaso de la misma y a la enorme fragilidad de los mercados globales en el actual contexto de pandemia. La Torre Bizkaia es el ejemplo más paradigmático de dicha apuesta ya que albergará, además de un Primark y de las oficinas de la DFB, el Centro Internacional de Emprendimiento. Este nos costará a los y las bizkainas al menos 26,5 millones de euros, bajo el manido e irreal relato de que será el faro económico del territorio que nos permitirá salir de la crisis.

Un nuevo elefante blanco a costa de todos y todas, mientras vemos todos los días cómo la economía vasca es incapaz de producir los bienes y servicios para el sostenimiento de una vida digna; cómo nuestra dependencia energética y alimentaria se recrudece; cómo el comercio local desaparece de nuestros barrios y es sustituido por grandes marcas/franquicias que colonizan el territorio con su modelo de precariedad; cómo a la educación pública se le niegan los recursos necesarios para garantizar un derecho básico; cómo la atención primaria es ninguneada en sus legítimas reivindicaciones; cómo las residencias prácticamente privatizadas no garantizan cuidados decentes; cómo la economía solidaria y la soberanía alimentaria siguen arrinconadas, pese a ser hoy en día estratégicas; y cómo las condiciones laborales se siguen precarizando en grandes empresas como Primark y otras.

¿Cuáles son nuestras prioridades como pueblo, como bizkainos y bizkainas? ¿Alimentar a estas grandes empresas o enfrentar los graves problemas que nos acucian? Por si fuera poco, y como suele ser habitual, el proceso de contratación del Centro Internacional de Emprendimiento de la Torre Bizkaia ha estado aquejado por lo de siempre: prioridad por las grandes empresas, opacidad y fuerte clientelismo. Así:
1. La propiedad del edificio es del fondo de inversión Ángelo Gordon. Que la máxima apuesta pública en materia de emprendimiento e innovación pivote sobre un inmueble de un fondo buitre resume a la perfección el proyecto de la Diputación de Bizkaia.
2. El concurso quedó desierto en enero de este mismo año. ¿Cómo puede ser que esto ocurra un proyecto supuestamente tan estratégico e importante?
3. El PSE y el PNV aprobaron a finales de marzo, en pleno confinamiento, una Norma Foral que modificaba los tipos impositivos del IRPF para las rentas irregulares. Esto es, que los llamados fondos buitre solo tributen por la mitad de sus rendimientos, propuesta directamente vinculada al desarrollo del Centro Internacional de Emprendimiento.
4. La nueva licitación abierta en junio amplía su contratación hasta los 26,5 millones de euros, incrementando su valor en un 40% respecto a la primera licitación, pese a la evidencia de la crisis social en ciernes ¿Cómo puede ser que se gasten 10,5 millones más en un proyecto de dudoso retorno económico, mientras cientos de comercios locales están cerrando y vivimos una situación social y económica dramática?
5. Esta licitación es de carácter negociado, únicamente con dos empresas. Por un lado, PwC, comandando por Asier Atutxa y con fuertes vínculos con el PNV. Por otro lado, Impact Hub, gestor austriaco que según las últimas informaciones, contaría con el apoyo de otros dos fondos de capital inglés e israelí. ¿Cómo es posible que la candidatura comandada por una persona con fuertes vínculos con el PNV obtenga casi la totalidad de la puntuación? ¿Es casualidad qué la coordinadora de la mesa de contratación y directora de Organización de BEAZ, Eneritz Argatxa, haya trabajado de 2007 a 2014 en PwC?
La pandemia nos está azotando fuerte a las mayorías populares, y no podemos permitirnos que los escasos recursos disponibles se gestionen desde el clientelismo y la opacidad para a beneficiar a una élite y a poner una alfombra roja a quienes más tienen, cuando además no hay garantía alguna de obtener rédito alguno de esta aventura internacional. Éstas prácticas deben ser completamente desmanteladas.

Por ello exigimos la retirada del proyecto y el uso del presupuesto estimado para impulsar un modelo de desarrollo a escala territorial que tenga como objetivo la promoción de la economía local, el apoyo a sus agentes protagonistas (cooperativas, pymes, autónomos/as…), que responda a las necesidades reales de la ciudadanía y contribuya a la mejora de los servicios públicos.
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Este proyecto es otro esfuerzo desesperado por atraer la inversión extrajera que obre el milagro de taponar la hemorragia de empleo industrial que sufre este país hace décadas, apelando al mantra de la innovación. Los sistemas de innovación que tanto admiran giran en torno a universidades que cuentan con fondos millonarios. Bizkaia, con una universidad empobrecida, con profesores e investigadores universitarios en condiciones laborales indignas y una década de recortes en la inversión pública, la única innovación es el nombre que decidan darle a esta nueva forma de malgastar los fondos públicos.
¡Primero la gente, primero la clase trabajadora, primero las mayorías sociales, no las grandes empresas y el capital!
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Torre Bizkaia: un faro para el Titanic de la economía vizcaina

[Mikel Álvarez y Janire Landaluze*] El shock generado por la covid-19 ha sacado a la palestra de forma dramática la disputa sobre qué modelo socioeconómico debe imperar en la salida de la crisis sistémica que vivimos. Una disputa que, en Euskal Herria, ya venía aflorando mediante hitos como la huelga general del 30-E, y que se agudizará en el marco de los planes de «reconstrucción» que gobiernos y patronales ya enarbolan en nuestro territorio. La disyuntiva es clara: seguir como hasta ahora, bajo un modelo al servicio de las élites, o virar radicalmente el rumbo en favor de la clase trabajadora y de un planeta devastado.

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El coronavirus está dejando al descubierto la cara más cruda de este sistema. Mientras la mayoría de las personas trabajadoras vive una situación muy difícil, algunas empresas están aprovechando esta situación para enriquecerse. Ése es el caso de Amazon; está incrementando enormemente sus beneficios, valiéndose de las restricciones a la movilidad que la sociedad debe cumplir, mientras juega con la seguridad de sus trabajadores y trabajadoras.

A pesar de que nuestras vidas están sometidas a las multinacionales, procuremos comprar sólo lo necesario y alimentar el pequeño comercio de nuestros barrios y pueblos. ¡El coronavirus no es más que un síntoma de esta enfermedad llamada capitalismo!

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